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DE LO NUESTRO (CASTROS)

  Un castro es un poblado fortificado, por lo general prerromano, que se empezó a habitar desde el siglo VI a. C, aunque existen ejemplos posteriores que perduraron hasta la Edad Media existentes en Europa y propios de fines de la Edad de Bronce y de la Edad de Hierro. Antiguas investigaciones los asociaron a la de la cultura céltica, pero en la actualidad se ponen en duda dichos resultados. Se encuentran con frecuencia en la Península Ibérica, en particular en el noroeste con la cultura castreña y en la meseta con la cultura de las cogotas.

  La palabra castro proviene del latín latín castrum, que significa fortificación militar.

  Presentan por lo general una planta oval o cirular y no podemos hablar propiamente de un urbanismo dentro de los castros, sino que su fisionomía queda marcada por una serie de elementos defensivos, como murallas, terraplenes, fosos y torres. Los habitantes de los castros poseían una depurada tecnica de fortificación.

Castro de Povoa de Varzim, en Portugal


 Son muy numerosos, calculándose unos 2.000 ó 2.500, aunque su distribución no es uniforme y se agrupan sobre todo en la costa y en la media montaña, siempre en lugares de fácil defensa.

   En tiempo de conflictos, las gentes que vivían en campo abierto se trasladaban a estas construcciones, situadas en lugares estratégicos con el fin de garantizar su seguridad. Asimismo podían tener otras finalidades como la de control del territorio, vigilancia de sembrados, etc.

   Su situación en el territorio respecto a otros castros hace pensar que existía una estrategia definida a la hora de elegir su localización, permitiendo la comunicación por señales entre ellos a modo de red defensiva.

  A los habitantes de los castros les preocupaba mucho la humedad por lo que usaron el enlosado en sus calles, normalmente de piedra pequeña. Lo primero que llama la atención en la distribución de los castros es la tendencia a aislar las edificaciones unas de otras, no se sabe si como reflejo de la idiosincrasa de esta cultura o debido a las dificuldades para hacerlo en las construcciones circulares. Tampoco cuentan con ventanas. En el siglo I aparecen agrupamientos de edificaciones formando barrios, constituidos por varias construcciones rodeadas por un muro con una sola abertura hacia la calle. Puede tratarse de unidades familiares, en las que una construcción sería la vivienda y las otras, silos y almacenes.   La tipología de la casa castreña más abundante presenta planta circular, a la que se le puede añadir un vestíbulo; también hallamos construcciones de forma cuadrangular (sobre todo en la época romana, aunque no se puede establecer con ello una secuencia cronológica).

Castro de Dunadd, en Escocia

 

    En cuanto al tamaño, sulen ser de reducidas dimensiones, llegando incluso a plantear problemas por su extrema pequeñez (la viviendas circulares tienen una medida de entre 4 y 5 metros de diámetro, las plantas alargadas son de algo mayores). Es muy raro encontrar divisiones dentro de la vivienda ya que lo más habitual es que aparezca una sola estancia. Los vestíbulos servían para paliar este problema, con la simple prolongación de los muros frente a la entrada. El prototipo de casa castreña posee un solo piso de poca altura, 1 ó 2 metros.

 El aparejo utilizado en la construcción es la mampostería ejecutada normalmente con piedras poco voluminosas y asentadas en seco o con tierra. La cubierta sería cónica en las de planta circular y a dos aguas en las de planta cuadrangular, utilizando ramas y paja, recubiertas de barro (a medida que avanzó la romanización se cambió el sistema con el empleo de teja, “tegula”). El pavimento más cotidiano era a base de tierra pisada. En la mayoría de las habitaciones castreñas se encendía fuego directamente en le suelo, poniendo piedras alrededor para evitar la dispersión de brasas y para mantener los pucheros. En los castros había lugares especiales para el fuego, los hogares. Muchas veces se situaba en el centro de las habitaciones, aunque no es raro verlos también junto a la pared o, incluso fuera de la vivienda.

 Castro de Borneiro, Galicia (España), el cual podemos visitar en nuestra ruta Costa da Morte.

 
   Puede haber hornos para hacer pan, fundición de metal o de cerámica. Su presencia está poco atestiguada, aunque conocemos  algunos hornos rudimentarios para hacer pan. Suelen aparecer en los vestíbulos.
  La escasez de hornos contrasta con la abundancia de molinos, lo que nos hace pensar que los hornos fueran de uso comunitario.
  En la organización de cualquier poblado es muy importante el abastecimiento de agua. En algunos castros aprovecharían los ríos o arroyos cercanos, pero en otros se recurriría a fuentes emplazadas en el interior de las murallas.
  Castro de Baroña, Galicia.
 
En varias de nuestras rutas podremos visitar construcciones castreñas, así como variados molinos de agua.

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