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HISTORIA DE UNA SUPERACIÓN

Hasta mi conocimiento ha llegado la recientísima publicación de un libro titulado “Vida después de la vida”, cuyo autor, Iván Manoel Montero, sufrió un siniestro en la zona de Cecebre mientras practicaba su deporte favorito, el ciclismo.

PORTADA DEL LIBRO

PORTADA DEL LIBRO

Recomiendo su lectura pues se trata de un relato corto, pero intenso, en el que su autor describe cómo logró superar las terribles consecuencias del accidente. Una de las más significativas es haber perdido las dos piernas. ¡Ahí es nada!

A veces los casos cercanos nos hacen recapacitar más sobre ciertos temas. Somos menos sensibles a lo que ocurre a miles de kilómetros. Sin embargo, el ejemplo de superación de Iván es algo que puede traspasar todo tipo de fronteras.

Entre otros, uno de los puntos destacables de la historia  es la cuestión de la importancia que le damos a según qué cosas.  En el discurrir de nuestra existencia y rutina, es posible que todos hayamos podido sufrir un accidente en algún momento que nos haya llevado a encontrarnos postrados en la cama de un hospital o de nuestra casa. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de que aquella reunión, aquella visita, aquella venta o lo que fuere, no tenía tanta importancia, que en la oficina no somos imprescindibles y que el mundo sigue girando perfectamente sin nosotros (mucho mejor en el caso de algunos individuos, pero eso es otro asunto). Vislumbramos vagamente qué es lo esencial y lo que más valor tiene: las personas que nos quieren.

Es por eso precisamente, por las personas, que en la carretera debemos tener el máximo respeto hacia los demás porque, aunque sea ya una cantinela que hemos escuchado en innumerables ocasiones, los accidentes no siempre le ocurren a los demás.

Lo curioso del caso es que, salvo en raras excepciones, si las consecuencias físicas del accidente desaparecen (y aunque no lo hagan en otros casos) todo este conocimiento adquirido en nuestra posición horizontal desaparece justo al instante en el que cruzamos la puerta de la calle, volviendo a nuestra escala de valores anterior.

 Por supuesto, en este pequeño libro hay mucho más y os invito a descubrirlo.

Teniendo en cuenta que casi todas nuestras actividades se realizan en la naturaleza y que hablamos de bicicletas, también quiero aprovechar la ocasión para volver a denunciar esa práctica terrible que últimamente ha proliferado en los montes de toda España y de la que son víctimas motos, quads y bicis por igual, que no es otra que la de poner trampas mortales en los caminos y senderos, con las terribles consecuencias que ya he comentado en el blog anterior “Trampas mortales en el campo”. Es algo que urge terminar cuanto antes.

 

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