20 FEB
Actualidad

CRÓNICA RUTA DEL LACÓN

 Sin duda, mucha suerte tuvimos con la climatología. Después de un viernes en el que no paró de llover en todo el día, el sábado, día de la ruta del lacón, amanecía un día despejado y soleado. Con mucho frío, eso sí, pero un día estupendo.

 Esta es una ruta que reúne varios alicientes: desde luego, el turístico, paro también tiene un marcado carácter cultural, familiar y gastronómico. En resumen, una ruta muy completa.

 Nuestra primera parada es en el monasterio de Carboeiro. El cenobio fue fundado en el siglo X y vivió su mayor esplendor entre los siglos XI y XIII, para después perder gran parte de su influencia y su estatus abacial y quedar abandonado tras la desamortización de Mendizábal, en 1835.  Distintos trabajos de restauración, han permitido que sea visitable desde 2006 y que se realicen en él diversos talleres educativos y exposiciones. Como curiosidad, también podemos comentar que en su interior se realizó el vídeo de la canción de Enrique Iglesias "Noche y de día".

 La segunda parada estuvo dedicada a la naturaleza en estado puro. La cascada del río Toxa puede observarse desde arriba en una serie de balcones que nos proporcionan unas maravillosas panorámicas de la zona, del propio río Toxa y del río Deza. La diversidad botánica de esta zona, aprovechada por los monjes de los monasterios de Carboeiro y Camanzo para su farmacopea, y un bosque atlántico maravillosamente conservado con especies de tipo mediterráneo, conceden a este lugar características de único, incomparable y una de las más imponentes imágenes de la comunidad gallega por su singular belleza. Más adelante dimos un agradable paseo para poder observar la fervenza (cascada en gallego) desde la parte de abajo.

 Continuando la ruta por pistas que discurren pegadas al río Deza, llegamos a la siguiente parada: el mirador del Ulla, Alto do Castro. Una visual de 360º en la que ya divisamos el río Ulla. Precisamente poco después de cruzar este río nos encontramos con el lugar en dónde pudimos realizar nuestra parada grastronómica: el restaurante Villa Verde, a cuyo personal le agradecemos la magnífica atención que nos dispensaron. Allí, en un entorno tradicional y acogedor, pudimos degustar una estupenda y abundante laconada porque con el cocido ya se sabe: si no sobra, no llega.

 Ya por la tarde, nos detuvimos en el mirador de Gundián y después de recorrer varias pistas anchas y en buen estado, llegamos al Pico Sacro. Muchas son las historias  y leyendas que rodean este lugar. En la ruta de la plata del Camino de Santiago, este es el primer lugar desde el que se ven las torres de la Catedral de Santiago, cumpliendo un papel semejante al que tiene el Monte del Gozo en el Camino Francés. En nuestra ruta, sirvió como lugar para ejercitar las piernas para algunos valientes que, junto con las más pequeñas, se atrevieron a subir el punto geodésico que corona este pico.

 Más adelante, continuamos nuestra ruta por varias pistas y caminos cara a nuestro objetivo final que era el monte Viso, muy cerca de Santiago de Compostela. Sin embargo, la oscuridad de la noche nos hizo desistir y dar por finalizada la ruta. Un día cargado de recuerdos para nuestro estómago y nuestra mente.