29 MAR

MARRUECOS 4

Por Enrique Martínez

Comenzamos el día a las 8:30 desde el hotel Saghro Tinerhir, con un buen desayuno energético para lo que nos espera en el día de hoy.

Después de llenar los depóitos y tomarnos un buen café nos adentramos en el desierto. En el trayecto que nos separa desde donde estamos hasta Erfoud, nuestra puerta de entrada, recorremos kilómetros rodeados de palmeras y cada vez encontrándonos paisajes mas áridos, inhóspitos y desolados hasta llegar a nuestro punto de destino. Y no tuvimos un día para nada tranquilo... De los dos tracks disponibles, escogimos el trayecto más largo porque íbamos bien de tiempo, y tras recorrer los primeros 10 km. de los 130 totales, aparece el primer imprevisto de nuestra jornada dunar; porque los imprevistos siempre aparecen. Y es que ninguno de los tres nos libramos de ellos.

[caption id="attachment_6294" align="alignleft" width="300"]EN LA DUNA EN LA DUNA[/caption]

El primer “zasca” de los de “vamos al desierto y malo serᔠse lo encuentra nuestro señor Antenas, José Manuel Soto con su Dacia-Duster; cortando la rueda delantera izquierda lo que nos obligó a cambiarla por la de repuesto, que por suerte era una de las de verdad. Esto hizo que cambiáramos de itinerario y optáramos por la segunda opción, de 75 km. Este plan B, no es ni mejor ni peor que el anterior, pero si más corto , llevándonos más directos hacia la arena, en el cual aparece nuestro segundo “zasca”. Como buenos novatos en Marruecos en cuanto vimos una dunita atractiva no dudamos en jugar. Yo pasé sin problemas , incluso me atrevería a decir que en trasera solo; pero después vino Juan que se confió pasándola más despacio de lo debido y quedó atrancado en ella, resultando nuestro bautizo dunar. Nada, volvemos a la caja de rescate y solucionamos el incidente con un pequeño tirón sin mayores problemas. Así que seguimos jugando con la dunita, y las que vinieron después. Ya por ese momento Jose no era el más confiado, ya que como había pinchado antes, estaba más precavido, pero aun así poco a poco se fue soltando. El tiempo corría en nuestra contra ya que los camellos nos esperaban a las 16:00 h, y por ello pensamos en hacer una excursión y salirnos  del track, con el objecto de acortar distancia. ¡¡Craso error!!  De repente nos vimos atravesando la “leira” dunar de un señor, muy bien delimitada por alambre de espinos. Intentamos no estropeársela mucho y salir de allí lo antes posible; hasta que apareció el señor que muy amablemente nos invitó a salir, señalándonos el camino. Menos mal que no le movimos los marcos!!!

Por fin, nos situamos de nuevo en el track, no sin antes dar unas cuantas vueltas porque, si ya es difícil seguir un Garmin de por sí en un camino visible, imaginaos en kilómetros y kilómetros de desierto con multitud de huellas de coches, motos... ya que nos cruzamos con un montón de grupos.

Llegando al Albergue, con la idea de grabar un vídeo entre las dunas... último “zasca” ¡No hay dos sin tres! y esta vez fue Juan el que me sacó a mi. Por suerte, fue bastante sencillo y no hizo que nos retrasáramos mucho más, llegando al Albergue a una hora decente, donde ya estaban los dromedarios preparados aguardando por Noemborques.

“Que tal amigos? Bienvenidos”. Y a los camellos nos subimos, comenzando nuestra ruta al campamento Berèbere, parando antes en la gran duna, para ver el espectacular atardecer del desierto y jugar con las tablas de sandboard. La pena es que se nubló, que también es mala suerte, y nos impidió ver la puesta de sol.

Entrando en el campamento, que compartíamos con mucha más gente, nos invitan a un delicioso té, que acompañamos abriendo nuestra nevera y sacando embutido y pan, como buenos Gallegos, que la comida nunca falte a la mesa; resultando ser la envidia de todos/as.

Tras la cena y la fiesta Berèbere damos por finalizada la jornada de hoy, recogiéndonos a nuestra Haima, ya que a las 6:30 tenemos que estar en pie, para ver el maravilloso y exclusivo amanecer.

¡¡ Ila al- liqa !! (Hasta mañana)