06 MAY
DE INTERÉS

CRÓNICA RUTA BARBANZA

Ya en la hora de las inscripciones, en Riveira, se preveía el buen rollito que iba a vivirse todo el fin de semana. Poco después de las 10:30, acabado el briefing, nos dirigíamos a la ermita de San Alberto en el monte del mismo nombre. Allí aprovechábamos para quitarle aire a los neumáticos y comenzar la ruta. Nos dirigíamos hacia el Castro de Baroña, aunque no llegaríamos allí, ya que nuestro destino era el monte Enxa y sus espectaculares panorámicas. Como el tiempo se nos había ido un poco de madre y nos estaban esprando, a partir de este punto, hicimos un pequeño enlace hasta las minas de San Finx. Un refrigerio en el bar-restaurante y comenzaba la visita guiada por cortesía del Concello de Lousame para nuestro grupo. Porque no todo va a ser coche y en las rutas de Noemborques son verdaderamente turísticas, pudiendo disfrutar de actividades de este tipo, ya que la visita resultó muy interesante.
Al terminar, otro pequeño enlace por carretera y os detuvimos en un merendero cercano. Una comida muy agradable a la sombra de los árboles, ya que el día no podía estar más espléndido. Sólo le faltó la siesta, pero teníamos que arrancar porque todavía nos faltaban varios kilómetros de ruta y algunas emociones.
Caminos trialeros, bosques y subidas más o menos complicadas nos condujeron al monte Iroite. Allí llegabamos a una pequeña subida en un cortafuegos que hizo dudar a más de uno. Algunas dudas se disiparon después de ver cómo subía el Dacia de Jose. Pero aún así, algunos prefirieron ir por la alternativa. Y no pasa nada porque a las rutas de Noemborques venimos a pasarlo bien. Así que, enlace por la alternativa y enseguida estábamos con el grupo.
Quizás, al tener menos experiencia, eso haga tenerle más respeto a algunos obstáculos. Esto y los paisajes de esta zona, nos traen un recuerdo nostálgico. Porque para él era su primera ruta en grupo. Un regalo que la mujer de Iván Amoedo le hizo a su marido. Y un regalo que ella nos hizo a nosotros porque gracias a eso conocimos a esa gran persona que sigue viva en nuestros recuerdos.
Alejándonos del Iroite nos íbamos acercando a la zona de las pozas. Con maestría e insistencia las íbamos pasando todas. Y con buen humor y muchas risas, claro. Alguna se resistió más o menos hasta que llegabamos a la última. Allí sí que hizo falta tirar de cable, pero fue una gran ocasión para hablar un rato y disfrutar del campo y el barro, sobre todo las más pequeñas. 
Seguíamos nuestro camino hasta llegar a la siguiente parada en el mirador de la Curota. Las panorámicas no podían ser mejores. Un refrigerio y seguíamos camino para afrontar la última bajada trialera hasta el mirador de la Curotiña, en donde se sitúa el monumento a Valle Inclán, escritor oriundo de esta zona. Fue en este punto, ya al final del día, dónde algunos participantes se despedían porque sólo hacían la ruta del sábado. El resto, al hotel para dejar las maletas y prepararse para la cena, que sería en el restaurante O Xanxo de Pobra do Caramiñal. Desde aquí aprovecho para agradecer el trato recibido. Sin duda, un lugar muy recomendable.
Al día siguiente, nos citábamos en la recepción del hotel Lombiña, uno de los mejores establecimientos hoteleros del Barbanza. Desde allí nos dirigíamos a Corrubedo, en donde comenzábamos la ruta del domingo. Ésta, comenzaba atravesando un bosque de pinos y unos caminos con algunas roderas y algo de agua, a pesar del tiempo seco que teníamos. Un poco más adelante, llegábamos a una fuerte subida y un cortafuegos. Desde lo alto ya teníamos la primera panorámica del día. Sin embargo, nada comparable a la que podíamos disfrutar más tarde desde lo alto del monte Tahume. En este punto se despedían otros participantes (al fin y al cabo, era el día de la madre). El resto continuábamos ruta hacia Pobra do Caramiñal hasta llegar a la última bajada; un camino que empezaba con unas vistas espectaculares de la ría de Arosa y terminaba con una trialera en medio de un bosque. Regalito de fin de fiesta. 

 Cuando llegamos a Pobra nos dirigimos al restaurante A Casa de Manuel, con tan buena suerte que encontramos mesa libre. Una casita de piedra con una terraza muy bonita configura un local super agradable, cuyo personal atiende siempre muy rápido y con mucha amabilidad. Por si fuera poco, la comida está exquisita y encima, resulta que está bien de precio.
 Con la sobremesa dimos por finalizada esta séptima ruta por el Barbanza. El equipo Noemborques agradacemos la asistencia a todos los participantes y, sobre todo, el buen ambiente reinante durante toda la ruta.